Este vestido no fue solo una prenda bonita, fue mi primer diseño completo para una boda… y además una muy especial. Era la boda de unos amigos muy cercanos, y yo tenía claro que quería hacer algo único, algo que llevara totalmente mi sello. Así que me lancé a crear el que sería mi primer vestido diseñado y confeccionado como invitada.
Desde el primer momento visualicé el color, el tejido y cómo quería sentirme con él. Elegí una combinación de gasa y crepé que aportaba ese movimiento y elegancia que tenía en mente. Quería que fuera sencillo pero con fuerza, con presencia… ¡que no pasara desapercibido!
Trabajé muchísimo en el patrón, y especialmente en los pliegues, que fueron hechos uno a uno con mucha paciencia, usando la plancha y cosiendo a mano para que cada caída fuera perfecta. A medida que iba tomando forma, sentía emoción… pero también sentía que le faltaba algo, ese “clic” que marca la diferencia.
Y ahí llegó la idea del lazo. Uno grande, largo y con mucha personalidad, que caía por la espalda como protagonista inesperado del diseño. Ese simple detalle transformó el vestido por completo. Era justo lo que necesitaba: algo que hablara de mí, que le diera ese toque atrevido pero delicado, especial pero sin exagerar.
Cuando llegó el día de la boda y me lo puse, no solo me sentí cómoda, me sentí feliz, orgullosa… y muy yo. Fue un día precioso, lleno de emoción, y no podía haber tenido un look mejor para vivirlo.
Este vestido fue el primero de muchos, pero siempre ocupará un lugar muy especial en mi corazón. Porque no fue solo un diseño, fue el comienzo de un sueño.






