Crear este vestido fue una experiencia de esas que se disfrutan desde el primer boceto hasta el último pespunte. Era para una boda de amigos, y tenía claro desde el principio que quería hacer algo diferente: un diseño que hablara de mí, con volumen, con fuerza, con color… ¡y por supuesto corto y asimétrico!
El patrón lo diseñé yo misma, sencillo pero con intención. Una silueta cómoda, fresca, y muy versátil. Pero como a mí me gusta jugar con los detalles, decidí añadirle un gran volante en el escote, buscando ese volumen que transforma lo simple en algo único. Aún así, sentía que algo le faltaba… así que alargué las terminaciones del volante para que cayeran por el cuerpo del vestido como si fueran una prolongación del movimiento. ¡Y ahí sí que dije: ahora sí!
La elección de los tejidos fue clave: una base de satén brillante en amarillo, con ese punto de luz que tanto me gusta, y el contraste perfecto con un tafetán tonasolado en naranja, lleno de destellos amarillos que hacían que el volante cobrara vida en cada paso. El conjunto tenía ese “algo” que buscaba, ese toque especial.
Y como siempre me gusta cuidar cada detalle, diseñé también el bolso a juego. Me encanta coordinar accesorios que potencien el diseño y lo hagan más personal. Ese bolso no solo complementaba el look, sino que cerraba la historia que quería contar con este conjunto: creatividad, color, movimiento y mucha personalidad.
Porque al final, cada diseño que creo habla un poco de mí. Y este vestido fue pura alegría hecha costura ✨







